jueves 8 de abril de 2010

CLXXXVI

Qué ha sido de los sueños
escondidos entre barro,
de las ansias eternas
que incendiaban los ojos,
de las guerras ganadas
sin glorias ni armadas.

Qué ha sido de tu camino,
de todos mis libros,
del sabor pretérito
de pertenecer
al más hermoso
de los destinos.

Qué ha sido de las aceras
repletas de lluvia,
de las caricias al borde
de la noche abierta,
de tu regreso,
de mi vuelta.

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